lunes, 30 de noviembre de 2009


Educadoras y luchadoras de la escuela de la Chacarrita

EDUCAR EN LA CHACARRITA





Asunción.
29/11/09



En la escuela de la Chacarrita, barrio marginal de Asunción, las educadoras luchan a diario contra la explotación infantil. La pobreza (38% de los paraguayos viven en situación de pobreza) y la corrupción política, dificultan la evolución social del país.

A lo largo del río Paraguay, tocando a la Bahía de Asunción, existe una franja de miseria común a muchas ciudades latino-americanas. Son los barrios de chabolas de la capital del Paraguay, construidos en la zona húmeda de la ciudad, y que apuntan directamente a las contradicciones inherentes a la trayectoria social de este país apuñalado por 35 años de dictadura del general Stroessner (1954- 1989).

A unos cien metros del palacio de gobierno, se construyó con la llegada de emigrantes del interior del país, el barrio de la Chacarrita. El barrio está formado por calles estrechas bordeadas de casas bajas y oscuras. Casas hechas con material recuperado –madera, plástico, metal–, lugar de vida de jornaleros que se ganan la vida con trabajos informales. No hay trabajo con perspectiva de futuro: se trabaja para el día reciclando basuras, limpiando autos o zapatos, vendiendo jugos o pidiendo limosna. Todos los miembros de la familia, niños y padres salen a laburar, y el salario medio es de 7000 guaranies diarios (1 euro).




La Chacarrita, Asunción, Paraguay.


El CEBINFA como herramienta educativa

Como medida de contingencia, y con el objetivo de sacar a los niños de la calle, el gobierno paraguayo puso en marcha escuelas-guarderías para niños de entre 0 y 6 anos en los barrios más pobres de Asunción. Son los CEBINFA, que cuentan con 27 centros en esos barrios.

Hemos visitado el centro CEBINFA Ko'eju de la Chacarrita. La escuela-guardería abre de lunes a viernes desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, adaptándose al horario laboral de los padres. Aparte realizar actividades pedagógicas, la institución sirve tres comidas diarias a sus alumnos (desayuno, comida y merienda). En general los CEBINFA trabajan con una población pre-escolar, pero si los padres traen a niños mayores también son aceptados. Es el caso del CEBINFA Ko'eju, que tiene una sección de niños de más de 6 años. Los escolares salen del centro a las 13h para ir a la escuela pública del barrio.

La utilidad de tal centro, nos explica su directora Patricia, psicóloga de 28 años, es poder responder a las necesidades básicas de sus alumnos: alimentación, higiene personal y cariño. Las carencias de los chicos son mayores pues niños como niñas son obligados por sus familias a trabajar desde muy pequeños. Las tres educadoras y la directora del centro trabajan con una población diaria de 45 niños.

Escuela Cebinfa Ko'eju de la Chacarrita.

Capacitar a las familias para romper el círculo vicioso

A pesar de la mayor implicación del gobierno actual en la cuestión social, la pobreza aplastante de los habitantes del barrio parece duradera: “cultura de la pobreza”, “círculo vicioso”, el trabajo educativo se centra en abastecer las carencias de los niños y en “capacitar” a los padres a través de talleres y charlas: «nosotros como institución tenemos que buscar las maneras para que los padres les puedan traer aquí. No todos los padres acceden, o no todos los padres quieren traerles aquí. Porque muchos de ellos les utilizan a sus chicos para pedir plata, para trabajar... La explotación de menores es lo que hay más en la zona.», nos dice Patricia.

Asistimos en Paraguay a una normalización de la explotación infantil. Los lustradores de zapatos, niños de cinco o seis años, esperan la salida de los diputados para poder ganar algunos guaraníes, nos explica la directora. La miseria es un elemento estructural de la sociedad. El “grado de negligencia” del estado es muy importante y las políticas sociales del gobierno Lugo están limitadas por un parlamento hostil y controlado por el partido colorado (partido de gobierno durante la dictadura hasta las elecciones del año pasado). En caso de que lleguen a ser votadas, las medidas sociales que destinan dinero a los niños necesitados no tienen seguimiento. Resultado: el dinero desaparece o sirve otros fines. La falta de educación de las familias y la corrupción política contribuyen a mantener una situación de explotación de menores y de violación de derechos humanos. Todo confluye para condenar al niño de la Chacarrita a buscarse la vida.

“Estudia él que tiene medios económicos, él que no tiene...”

Esta situación social repercute en la organización del aparato educativo: «la educación paraguaya sigue siendo muy sectarista, en el sentido en que siempre apunta a aquellos niveles donde hay recursos para poder seguir estudiando. Por lo general los chicos de escasos recursos acceden a la educación, pero a una educación muy básica».

En la Chacarrita son muy pocos los que logran acabar sus estudios secundarios, y menos del 1% alcanza el nivel universitario. «Estudia el que tiene medios económicos, el que no tiene...» Empezar una carrera puede costar hasta 500 mil guaraníes mensuales, a lo cual se añade el precio del material de estudio. Teniendo en cuenta el sueldo mínimo nacional (104 millones de guaraníes), muy pocos son los que siguen estudiando después de la secundaria.



Niños y niñas de la escuela Cebinfa Ko'eju.


Con unos escasísimos medios económicos, educar en la Chacarrita es actuar en urgencia para ofrecer respuestas cotidianas a las necesidades de los alumnos. Es luchar contracorriente del desinterés institucional para formar hábitos y valores positivos en los niños de la calle.

Tristemente, queda mucho trabajo por hacer en la lucha contra la pobreza paraguaya y en la tarea de “hacer de toda la nación una escuela”, retomando las palabras del del pedagogo y ex-presidente de Argentina Sarmiento. El trabajo de las educadoras del CEBINFA constituye la mejor respuesta a la falta de interés de la clase politico- económica dominante. Tenemos mucho que aprender de esas luchadoras anónimas.


Thomas Prola


.