viernes, 22 de octubre de 2010

Manifestaciones en Francia: un pueblo frente a su presidente

(Publicado en Cambio, revsita 7días, La Paz, Octubre 2010.)



Reforma del sistema de jubilación y desmantelamiento del servicio público y de la seguridad social. El gobierno de Sarkozy se enfrenta a las reacciones del pueblo este mes de octubre. Después de tres manifestaciones contra la reforma del sistema de jubilación, los tres millones de manifestantes volverán a la calle el próximo día 12.

“Tenemos un trabajo agotador; esperar hasta los 65 o 67 años para jubilarse es imposible. Por eso estamos aquí manifestándonos” nos dice Jean-louis, policía y manifestante el día dos de octubre en la localidad francesa de Draguignan. Las canciones y pancartas rezan “dinero para la jubilación es posible, Sarko lo encontró para los banqueros”, “huelga general hasta el retiro total”, “cebo a los accionistas y siembro la miseria”.

Los franceses salieron a la calle para protestar contra el proyecto de reforma del régimen de jubilación que pretende alargar la duración de la cotización en dos años, es decir, que los trabajadores trabajen más y cobren lo mismo. En la última jornada de manifestaciones, hace una semana, participaron tres millones de personas en todo el país, según los sindicatos (899 mil según el Ministerio del Interior).

La calle se maquilló de rojo y verde, color de los partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales presentes en la cabeza de la manifestación. “Ya no podemos más, estamos cansados de esta política”, nos dice un sindicalista de la comunista CGT (Confederación General de Trabajadores).

Las manifestaciones de esas últimas semanas, centradas en la reforma del régimen de jubilación, apuntan a algo más: el efecto devastador de la política conducida por el presidente Sarkozy sobre el modelo social francés de “democracia social”, que había sido construido en el respeto al compromiso entre estado del bienestar y economía de mercado.
La democracia social y el modelo social francés
A finales de la II Guerra mundial, Francia está devastada. No hay viviendas, las carreteras están cortadas, los puentes destruidos y los campos llenos de minas; falta de industria la deuda pública es notable y los presupuestos del Estado están condenados a asumir gastos enormes para financiar la reconstrucción del país.

Sobre este campo de ruinas, durante la primavera de 1944, las fuerzas políticas francesas consiguen establecer el “programa del Consejo Nacional de la Resistencia1”. Este programa, piedra angular del modelo social francés, pone en marcha —bajo la dirección del presidente Charles de Gaulle— profundas reformas sociales que mejoran la vida del ciudadano medio francés. Las más destacables son la creación de la seguridad social, el nacimiento del servicio público con la nacionalización de las energías (electricidad y gas), del transporte (tren), de los bancos y seguros y la implantación de un sueldo mínimo así como de un sistema de jubilación por repartición (los hijos financian la pensión de sus padres).

Sin embargo, tras la crisis del petróleo en 1976 y con la constitución de un espacio económico europeo y de su integración en la economía globalizada, Francia empieza a desarmar su sistema social. En la década del 2000 el gobierno socialista en el poder abre el capital de las empresas públicas a los empresarios privados. El desmantelamiento del servicio público ha empezado.
El desmantelamiento del modelo a manos de los liberales
A partir del año 2007, con Nicolas Sarkozy en la presidencia del país, el movimiento se acelera y las empresas nacionales de energía EDF (electricidad) y GDF (gas) se venden a empresarios privados cercanos al presidente.

Denis Kessler —vicepresidente del MEDEF (asociación de empresarios franceses) hasta el 2002— manifestaba: “¿La lista de reformas? Muy sencillo: tome todas las medidas implantadas entre 1944 y 1952, sin excepción, y ahí la tiene. El objetivo actualmente consiste en deshacer metódicamente el programa del Consejo Nacional de la Resistencia. El gobierno está trabajando en ello.”

El resultado de esta política es el avance continuo en el desmantelamiento del sistema de seguridad social que se ve progresivamente reemplazado por seguros privados. Como consecuencia los ciudadanos más pobres encuentran limitaciones para acceder a la sanidad. “Desde hace algunos años, una multitud de pequeñas medidas hacen la vida más difícil a los pobres” afirma, Jean Toussaint responsable de ONG. Los servicios básicos ayer públicos están en manos de multinacionales que aumentan sus beneficios gracias a su presencia en las grandes bolsas mundiales, como Veolia y Orange, entre otras.

La reforma del sistema de jubilación busca ahora alargar la cotización en dos años. Desde las primeras reformas en 1995 hechas por el primer ministro Edouard Balladur (RPR, derecha liberal), la pensión ya no se calcula sobre los diez mejores años cotizados sino sobre 25 años, y su importe no sigue la evolución de los sueldos sino de los precios. Según los economistas de l'IRES esas medidas producen una disminución de las jubilaciones de un 36 %2. Para los más ricos queda la posibilidad de planes de ahorro individuales. ¿Y para los demás?

El escudo fiscal para los más ricos
En paralelo a estas reformas Nicolas Sarkozy y su gobierno desarrollaron el tan defendido “escudo fiscal” con la voluntad de disminuir la fiscalización de los más ricos, varios de ellos exiliados en el extranjero para no tener que pagar los impuestos franceses. Símbolo del quinquenio de Sarkozy, la medida se revela catastrófica y en el 2009 cuesta al gobierno 580 millones de euros, sin que el número de exiliados fiscales varíe demasiado 3.
Un dinero que podría financiar perfectamente la reforma del sistema de jubilación.
Frente a esta situación, el pueblo francés se moviliza. Según los sindicatos, las manifestaciones contra la política liberal del que el periodista Jean- François Kahn llamó “gamberro de la república” continuarán hasta conseguir la tan esperada retirada de la reforma del sistema de jubilación.

1El consejo nacional de la resistencia (CNR) nació para unir los diferentes frentes de resistencia a la invasión hitleriana. Con la liberación del país, su jefe, el General de Gaulle, toma las riendas de la reconstrucción y marca profundamente al país, reinventando una categoría política: la derecha republicana.
2 Institut deRecherches Economique s et Sociales (IRES), “Retraites: les scénarios de la réforme”.
http://www.ires-fr.org/
3Según el sitio de información Rue89, los exiliados eran 846 en 2006, 719 en 2007, 821 en 2008.
http://www.rue89.com/

martes, 5 de octubre de 2010

Cultos mineros y rituales de producción en las minas bolivianas

(Publicado en: revista "7 días" (periódico CAMBIO, Bolivia) / revista colombiana SEMANA.

Bolivia es un país minero. El 81% de los mineros trabajan bajo una organización cooperativista. Pasamos unos meses con ellos, en el departamento de Oruro. La mina es un mundo aparte, reino de deidades particulares, con quienes el minero mantiene una relación contractual, con un objetivo productivo y para preservarse de accidentes. A través de un recorrido por la mina, descubrimos a los principales señores del socavón, y las relaciones que mantienen con los mineros por medio de rituales cotidianos





Bolivia tierra de minerales



Los Andes se abren en dos ramales, formando el altiplano boliviano, inmensa llanura dorada limpiada por el viento helado de los 4000 metros. Como islas en medio de este mar de tierra, surgen cerros de piel arrugada y verde, con cicatrices rocosas quemadas por el sol. Las colinas albergan en su seno gran parte de la materia prima de la historia social de Bolivia: Plata, Estaño, Plomo, Zinc, etc. Mineral extraído desde tiempos de las civilizaciones pre-colombinas y que marcaron el destino de una nación entera.
Bolivia tiene en su suelo las montañas más ricas del mundo. El célebre Cerro Rico de Potosí por cuyas bocas salió, según la leyenda, un puente de plata que podría unir Potosí con Madrid, o el cerro Juan del Valle en Llallagua, cuya explotación convirtió a Patiño en el primer millonario de Bolivia. Toneladas de mineral que contribuyeron al crecimiento económico de otros, en Europa y Estados-Unidos, y dejaron exhausta a la sociedad boliviana. No es coincidencia si los dos cerros citados se encuentran en el departamento más pobre del país: Potosí.



Bolivia es un país cuya economía depende todavía del sector minero (en 2007, 30’86% de las exportaciones del país, según el Ministerio de Minería y Metalurgia). Después de la crisis de los años 80 y el quiebre de la COMIBOL, empresa minera del Estado, los mineros potenciaron un tipo de organización diferente de las empresas públicas o privadas: las cooperativas mineras. El 81%1 de los mineros trabajan hoy en cooperativas autogestionadas, en un contexto económico donde la minería continua siendo muy dependiente del mercado internacional y de las cotizaciones del mineral, lo que tiene como consecuencia una gran variabilidad del número de cooperativistas, entre 40 mil y 80 mil trabajadores según si suben o bajan las cotizaciones.
En las cooperativas mineras cada socio es su proprio patrón y se enfrenta individualmente o con su cuadrilla de trabajo a los peligros de la mina y al imperativo de encontrar mineral para ganarse la vida. En este contexto, los mineros cooperativistas trabajan muchas veces como arquitectos forjando en la roca del socavón, chimeneas para ventilación, puentes para protegerse de la caída de piedras, galerías de comunicación para extraer mineral y parajes para descansar.




Además de las precauciones técnicas entra en consideración otro aspecto: la ayuda de los dioses. Trabajar en la mina no es solamente conquistar riqueza mineral. En el silencio y la oscuridad del socavón, el minero tiene que acomodarse con las fuerzas subterráneas, deidades que componen el universo del subsuelo, mientras el dios católico queda en la puerta de la bocamina.


La mina, reino de las deidades del subsuelo
Seguimos a una cuadrilla de seis hombres a su entrada en la mina. Los cuerpos rudos de los mineros desaparecen en la oscuridad. Bajamos al “paraje”, el lugar de trabajo, “a pique”, o sea, caminando. El camino es un callejón de un metro cincuenta de altura por dos de ancho, hay que agacharse para pasar. Al fondo aparece una sala alta, roja y seca, una catedral de piedra cavada en los tiempos de la COMIBOL. Adivinamos cortes abruptos en el camino; seguimos bajando escaleras.



Cuando camina el minero no habla, se escucha su respiración y el ruido de las botas pisando piedras para alejarse de la vida de afuera. A la vuelta de una curva, el aire fresco nos abandona. Un olor a arsénico y un calor sofocante nos rodea. Es el aliento de “la vieja” —así es como llaman los trabajadores a la mina— que sube de las profundidades. La galería es de color amarillo debido a la formación de mineral de cobre en sus paredes. Después de la última escalera, pisamos botellas de plástico, señal de que nos acercamos al paraje de trabajo. El polvo, sobre todo durante las perforaciones, obliga a los mineros a hidratarse copiosamente. Una vez allí, nos invitan a compartir un pinjcheo (a mascar hojas de coca) en una galería anexa. El pinjcheo de la mañana es también una ch'alla, una ofrenda a los dioses que sirve para rendir culto a las dos deidades principales del subsuelo, identificados por los mineros como el Tío de la mina y la Pachamama o madre tierra. Sirven coca y alcohol a la Pachamama, mojando la tierra con algunas gotas del precioso líquido.


Aparece en el fondo, bajo serpentinas de colores que datan de las ch'allas de carnaval, una estatua de barro con aires diabólicos: es el Tío de la mina. El Tío acompaña al minero durante todo el día y como nos cuenta Eleazar “lo ve todo” y “lo sabe todo”. Es el dueño de la mina. Su silueta de hombre sentado reina sobre el destino de los mineros. Tiene la verga en erección, preparado para fecundar a la Pachamama, es decir, para producir mineral. Los dioses se complementan, y existe una continuidad entre la cosmología minera y las creencias del campo: ambas perciben el subsuelo como un mudo salvaje, peligroso y lleno de riquezas. De la misma manera, actualmente en las cooperativas, los actores tienen orígenes sociales y profesionales muy variados: ex-trabajador de COMIBOL, campesino, estudiante, universitario o empleado. Todos aportan su piedra al edificio espiritual de la mina, y creyendo en los dioses de la oscuridad, reinventan la tradición minera.
Entre los labios rojos del Tío un trabajador enciende un cigarro y deposita a sus pies algunas hojas de coca y alcohol. Los hombres consumen también.
Rituales de producción y comunicación con los dioses
Esos gestos recuerdan que la producción de mineral es el resultado de un intercambio entre hombres y dioses. La relación contractual entre los mineros y las deidades del subsuelo se reactualiza mediante rituales cotidianos, semanales y anuales con la finalidad de preservar tanto la integridad física como la fuente de trabajo. Es una relación económica asimétrica, mantenida por obligación, en la que los mineros son siempre deudores de las deidades. Las ofrendas de los hombres retribuyen la ayuda de las deidades y compran su futura colaboración, como recuerda la antropóloga francesa Pascale Absi. Nadie se enfadará si a pesar de las ofrendas los dioses no ofrecen su ayuda.

“Mientras nosotros con tanta fe nos jallallamos [mascar coca, tomar alcohol, fumar cigarros para rendir culto a los dioses], mientras estamos jallallando, el Tío trabaja. Entramos a trabajar y ya está hecho, aparece la veta, o la carga, siempre aparece.” nos dice Ronaldo, minero de la Nueva San José, cooperativa de Oruro. El Tío enseña la veta si el minero muestra devoción y se somete explicitamente a su dueño, por sus ofrendas pero también por la consumación de los mismos productos y su espíritu de equipo2.

La relación con los dioses pasa por la alimentación: en las ch'allas los mineros ofrecen “mesas” al Tío con alcohol, coca y cigarros, pero también fetos de llama y dulces. Dar de comer a los dioses, y sobre todo al Tío, para que no se coman al minero. La mina y su dueño, la Pachamama y el Tío, piden sangre para alimentarse. Los sacrificios de llamas para Carnaval y el 31 de Julio agradecen su ayuda al mismo tiempo que intentan saciar el hambre de los dioses.

Los cultos a los dioses del subsuelo buscan resolver la incertidumbre y la inseguridad inherente al trabajo minero. Los que trabajan las entrañas de la tierra pactan cada día con los dioses, para el bienestar de sus familias y un futuro laboral. En la sombra del socavón, los arquitectos del subsuelo trabajan siempre pensando en mañana.



1 Fuente: Ministerio de Minería y Metalurgia
2El tío tiene su moralidad: “Al tío no le gusta los flojos, los individualistas y los que no hablan y no trabajan” nos dice Elezar.