lunes, 22 de marzo de 2010

CARNAVAL DE ORURO (Bolivia): arte y reivindicación de los pueblos indígenas.


(publicado por El País de Cali, Marzo 2010.).
Fotografías de Jerónimo Rivero





El carnaval más grande de los Andes empezó su último tramo el sábado 13 de febrero y ha terminado el miércoles. Declarado obra maestra del patrimonio de la humanidad en 2001, el evento será emitido por la televisión pública británica BBC a partir de abril.


Con 40 mil bailarines venidos de toda Bolivia, el carnaval de Oruro es tan espectacular como el carioca: 500 mil espectadores ocuparon desde el sábado y por cuatro días las calles de la capital minera, situada a 3.700 metros de altitud. Hasta el Miércoles de ceniza el público pudo seguir una manifestación cultural única en América Latina, en donde las culturas autóctonas expresan todo su vigor, asociando el baile y humor para tratar con ironía el pasado colonial.


La fiesta nació de las culturas autóctonas y a partir de los rituales de celebración de la Pachamama (Madre Tierra), en agradecimiento a la producción agrícola del año. Con la llegada de los colonizadores españoles y de la religión católica, la fiesta pagana se prohibió y se impuso el culto católico. Sin embargo, las celebraciones persistieron clandestinamente tomando un color político, hasta que, desbordado, el poder político-religioso español autorizó su expresión asimilándola a las celebraciones occidentales del carnaval.




Durante las 20 horas diarias de desfile, el paganismo andino y la fe religiosa se armonizan en la música de las bandas, con el alcohol ayudando a la sublimación de las angustias y frustraciones personales y colectivas acumuladas en el curso del año. Oruro se transforma en un inmenso mercado callejero que llega hasta los pies de las gradas montadas a lo largo de las calles recorridas por los grupos folclóricos, permitiendo a los espectadores extranjeros (unos 30.000) y bolivianos la organización espontánea de interminables fiestas donde todos acaban por entenderse perfectamente. Ninguno de los presentes escapa a las batallas de agua, ni siquiera el vicepresidente, Álvaro García Linera, llegado el sábado al medio día en representación del gran ausente del evento, el presidente Evo Morales, invitado al carnaval de Santa Cruz.


Una escenificación del sufrimiento pasado

Cincuenta y dos comparsas compuestas como mínimo de un centenar de personas, vienen a rendir culto a la Virgen del socavón, santa madre de los mineros y de la ciudad de Oruro en un impresionante desfile de colores, música y bailes. Durante cuatro horas seguidas, cada comparsa emprende el recorrido de 3 kilómetros que separan el Parque de la unión (inicio del recorrido) del santuario de la Virgen del socavón, donde entran arrodillados y realizan ofrendas, de conformidad con la leyenda de la aparición de la Virgen en este lugar.

Tambores, trombones, trompetas, cantos y silbatos de las bandas animan los pasos de los bailarines, bajo un sol caluroso. Los grupos folclóricos visten hermosos trajes y máscaras de acuerdo al tipo de baile practicado: morenada, diablada y caporales son los tres bailes más apreciados por el público y constituyen un paradigma en cuanto a la escenificación del pasado colonial y de su fusión con las culturas autóctonas.


La diablada, primer baile del carnaval moderno (1904), abre el carnaval. Los ojos desorbitados y los cuernos sangrientos de las máscaras recuerdan la adoración al dios Supay o "tío", dios de los mineros, señor del subsuelo y amante de la Pachamama, diabolizado por los conquistadores: "Los españoles se encontraron con el amante de la Pachamama y le dan el nombre de tío, poniéndole cuernos conforme a la imagen del diablo católico. Esto es un ejemplo de cómo se conformaron fusiones culturales que son ahora parte del folklore del carnaval de Oruro", explica el señor Tamayo, nativo de Oruro.
Las hermosas diablesas, bajo la vigilancia del arcángel San Miguel, dejan la pista a los "morenos", conjunto que recuerda también la época colonial y la llegada de miles de africanos deportados para trabajar en las minas. En la morenada, la posición inclinada de los cuerpos y la reproducción del ruido de las cadenas por matracas en manos de los bailarines, escenifican el sufrimiento padecido por los esclavos africanos.




Hija heredera de la morenada, inventada en los años 60 en La Paz, la danza de los caporales demuestra la gallardía del hombre boliviano y se burla del orgullo del español de la conquista. Los caporales personifican a los capataces que regentaban a los esclavos en la época colonial. En algunos casos, los bailarines llevan máscaras de rasgos grotescos: ojos desorbitados y lengua afuera insinúan el agotamiento de los caporales. El baile, muy físico y sensual, se compone de saltos y patadas recordando la capoeira brasileña, y acaba por conquistar el corazón del público.
Álvaro García Linera, atento al espectáculo, confía nos confía "El carnaval de Oruro, entre belleza y sensualidad, artesanía, juventud, cultura y tradición, es extraordinario y único. Estamos muy orgullosos de nuestro carnaval".

Los espectadores reunidos hasta altas horas de la madrugada en la avenida cívica estarán en acuerdo con él.
El carnaval de Oruro, con toda la suntuosidad artística y folclórica de Bolivia, confirma en el escenario internacional el valor de las culturas indígenas andinas y su nuevo estatuto en la Bolivia plurinacional (según la nueva Constitución), representada por el esfuerzo del Gobierno de Evo Morales.